July 1, 2019

El Llamado Universal a la Santidad

El Llamado Universal a la Santidad

Yvette Millan Torres 

Nuestro Catecismo Católico define a la vocación como la llamada que cada persona recibe de Dios; “todas las personas han sido llamadas a la santidad y a la vida eterna, especialmente por el Bautismo. Cada persona puede también ser llamada específicamente al sacerdocio o a la vida religiosa, a la vida matrimonial o a la vida de soltero, así como a una profesión o servicio en particular”.

En la exhortación apostólica “Gaudete et Exultate” (Alégrense y Regocíjense) el Papa Francisco hace resonar una vez más el llamado a la santidad a la que el Señor nos llama a cada uno de nosotros, “para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor.” (Ef1,4).

Así, dentro del marco de santidad ofrecido por las Beatitudes y Mateo 25:31-46, el Papa menciona cinco (5) expresiones espirituales que a su juicio no deben faltar para entender el estilo de vida al que el Señor nos llama. Estas expresiones no son todas la que pueden conformar un modelo de santidad, sin embargo, son cinco grandes manifestaciones del amor al prójimo que el Papa considera de gran importancia.

Perseverancia o Aguante, Paciencia y Mansedumbre

El Papa nos dice que es “estar centrado, firme en torno a Dios que ama y sostiene;” y de una manera mansa. Es por esta firmeza interior que “es posible aguantar, soportar las contrariedades, los vaivenes de la vida, y también las agresiones de los demás, sus infidelidades y defectos: ‘Si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?’ (Rm 8,31).” San Pablo invitaba a los romanos a no devolver “a nadie mal por el mal” (Rm 12,17) a no dejarse vencer por el mal, sino vencer al mal con el bien. “Desterrad de vosotros la amargura, la ira, los enfados e insultos y toda maldad” (Ef 4,31).

Alegría y Sentido del Humor

El santo se llena de “gozo en el Espíritu Santo” (Rm. 14,17). Dios nos quiere felices y no tristones. El Papa reitera que “hay momentos duros, tiempos de cruz, pero nada puede destruir la alegría sobrenatural quese ‘adapta y se transforma, y siempre permanece al menos como un brote de luz que nace de la certeza personal de ser infinitamente amado, más allá de todo’”. Es la alegría en communion que se comparte y se reparte porque “hay más dicha en dar que en recibir” (Hch 20,35).

Audacia y Fervor

La santidad es audacia, es fuerza que impulsa a evangelizar y a dejar una marca en este mundo, Dios viene a nuestro encuentro y nos dice “No tengas miedo” (Mc 6,50). “Yo estoy contigo todos los días, hasta el final de los tiempos” (Mt 28,20). Estas palabras de Dios nos dan la seguridad para ser audaces y expresarnos en todos los sentidos, para hacer resonar las enseñanzas de Dios y hacerlo con pasión o fervor, libremente. El Papa nos recuerda que Jesús nos mostró su “compassion entrañable, no paralizante, no tímida, ni avergonzada… Esta compasión lo movía a salir de sí con fuerza para anunciar, para enviar en misión, para sanar y para liberar… Reconozcamos nuestra fragilidad, pero dejemos que Jesús la tome con sus manos y nos lance a la misión.”

En Comunidad

Los santos tienden a estar en comunidad. El Papa comenta que San Juan de la Cruz decía a un discípulo: estás viviendo con otros “para que te labren y ejerciten”. Este camino a la santidad en muchas ocasiones es de dos en dos, por lo que existen muchos matrimonios santos. El compartir juntos la Eucaristía nos hace hermanos y nos va convirtiendo en comunidad santa y misionera. La vida comunitaria, en familia, en parroquia, en la comunidad religiosa u otra, nos ayuda a luchar contra la concupiscencia y contra las asechanzas y tentaciones del demonio y del mundo egoísta. Si estamos demasiado solos fácilmente perdemos el sentido de la realidad y sucumbimos. El amor que damos en detalles solo se da en comunidad.

En Oración Constante

Finalmente, nuestro Papa dice que “la santidad está hecha por la apertura habitual a la transcendencia, que se expresa en la oración y en la adoración.” El santo necesita comunicarse con Dios en forma constante, es alguien que suspira por, contempla y alaba a Dios. San Juan de la Cruz recomendaba “procurer andar siempre en la presencia de Dios, sea real, imaginaria o unitiva, de acuerdo con lo que le permitan las obras que esté haciendo”. “Procure ser continuo en la oración…Sea que coma, beba, hable con otros, o haga cualquier cosa, siempre ande deseando a Dios y apegando a él su corazón”. Santa Teresa de Ávila nos recomendaba la oración en soledad con Dios, como una amistad, “estando a solas con quien sabemos que nos ama”.